POR OLIVER WAINWRIGHT – THE GUARDIAN – ESPECIAL PARA ARQ

Inventado en Cincinnati en 1913 por los ingenieros Daniel O’Conor y Herbert Faber, el laminado de fórmica fue diseñado como aislante eléctrico para reemplazar a la mica, de allí su nombre.

La paz y la prosperidad condujeron a una era de explosiva construcción en toda la extensión de los Estados Unidos de América, con nuevos suburbios, que surgían de la noche a la mañana, todos rebosantes de elegantes bares para desayunar y de deslumbrantes restaurantes para cenar.

A medida que la fiebre del laminado se expandía, la imaginación era el único límite. Cada diseño salía la mercado con un nombre evocador, alegre. Spindrift, Skylark, Mayflower, Softglow. Y el más audaz era Milano, un falso mármol italiano que se fabricaba en los colores rosado, amarillo, blanco y gris.

Muy pronto el estilo americano se difundió por todo el mundo, introducido en los monótonos living rooms a través de la TV. Las fábricas de fórmica se instalaron en toda Europa. Un centro de importancia fue establecido en la ciudad de Quillan, en los Pirineos, donde hacía ya 50 años que se producían el laminado: “una historia de amor increíble entre una ciudad de provincia y una compañía internacional”, como el extrañamente atractivo documental de 2008, L’Amour Formica lo presentó.

El glamour se gastó, y desde 1970 en adelante  la Fórmica se convirtió en una palabra conocidísima para las cansadas mesas de superficie agrietada.

Pero, al parecer, nuestro amor por el laminado puede estar retornando: los diseñadores jóvenes experimentan con nuevas maneras de trabajar con laminado, y vuelven a descubrir sus posibilidades de innovación, incluyendo las posibilidades decorativas con una capa de barniz.

“Los productos de fórmica han modificado todos los aspectos de nuestras vidas”, dice Mark Adamson, CEO (gerente general) de la compañía , Fletcher Building, “cubriendo millones de espacios en los que nos reunimos, trabajamos, aprendemos, nos curamos, compramos, comemos y jugamos. Nosotros miramos hacia adelante y vemos millones de superficies cubiertas de fórmica para las generaciones venideras. “En Milán, no se puede dejar de pensar así.

Traducción : Ofelia Castillo

Fuente: Diario de arquitectura de Clarin.

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