En 2001, el antiguo monasterio de Santa Catalina de Siena fue recuperado y revalorizado al convertirse en la sede de Casa FOA. El objetivo de entonces fue convertirse en un centro de atención espiritual en pleno centro de la ciudad para aquellos que estaban de paso en medio de la jornada de trabajo.

“Ahora aprovechamos un espacio residual del convento donde se acondicionaron tres celdas para albergar puestos de trabajo compartido en el marco del programa de apoyo laboral que realiza la institución desde 2001”, explica la diseñadora de interiores María Verellen quien junto al arquitecto Alvaro García Resta llevaron adelante el proyecto.

Nido es un espacio para el co-working, con 24 puestos de trabajo que se alquilan temporalmente a emprendedores y profesionales, “en un clima de trabajo distendido y de mucha tranquilidad”.

Verellén y García Resta respetaron la cáscara edilicia –gruesas paredes de blanco inmaculado, aberturas de madera con vista al jardín, pisos de cerámica colorada- y agregaron diseño y equipamiento modernos. “Intentamos sacar el máximo provecho al metro cuadrado que ocupa cada puesto de trabajo”, sintetiza Verellén. Así, idearon ocho puestos en cada celda, con una mesada en L de 60 centímetros de profundidad y con dos niveles de apoyo. El sector inferior, de melamina color blanco, resuelve el guardado y biblioteca. El mueble se completa con un panel divisorio bajo, realizado con placas de OSB, “un material accesible y que remite a la idea de nido en su textura”, aclara la diseñadora.

Cada escritorio tiene un trasforo rectangular para la conexión IP (telefonía, internet).

La iluminación respeta la realizada para Casa FOA, lo mismo que los baños para hombres y mujeres. Como buena oficina, el espacio cuenta con una cocina. Y también un comedor, cuyas mesas fueron diseñadas por Julio Oropel para el espacio del bar en última edición de FOA (ganador del primer premio de la muestra) y ahora fueron adquiridas y adaptadas para Nido. Completa el espacio de trabajo una sala de reuniones con capacidad hasta 10 personas.

Con esta nueva intervención, el monasterio de 1738 brinda un oasis recoleto para trabajar con comodidad en pleno centro porteño.

Fuente: Clarin Arquitectura.

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